Culture, Participation Citoyenne, Pratique Communautaire
Origen del proyecto
La Agenda 21 de la cultura fue aprobada el 8 de mayo de 2004 por ciudades y gobiernos locales de todo el mundo comprometidos con los derechos humanos, la diversidad cultural, la sostenibilidad, la democracia participativa y la generación de condiciones para la paz. Es el primer documento, con vocación mundial, que apuesta por establecer las bases de un compromiso de las ciudades y los gobiernos locales para el desarrollo cultural. La adhesión a la Agenda 21 de la cultura reviste de gran importancia simbólica: expresa el compromiso de una ciudad para conseguir que la cultura sea una dimensión clave en las políticas urbanas, y muestra la voluntad de solidaridad y cooperación con las ciudades y los gobiernos locales del mundo. Las ciudades están utilizando la Agenda 21 de la cultura, por una parte, para abogar ante los gobiernos nacionales y las instituciones internacionales sobre la importancia de la cultura en el desarrollo local, y, por otra parte, para reforzar las políticas culturales locales.
Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU) adoptó la Agenda 21 de la cultura como documento de referencia de sus programas en cultura y asumió un papel de coordinación del proceso posterior a su aprobación. El día 17 de noviembre de 2010 CGLU aprobó el Documento de Orientación Política sobre la cultura como cuarto pilar del desarrollo sostenible, en el que hacen un llamado a las ciudades, gobiernos locales y regionales de todo el mundo a:
> Integrar la dimensión de la cultura en sus políticas de desarrollo;
> Desarrollar una política cultural de gran calado;
> Incluir la dimensión cultural en todas las políticas públicas;
> Promover la idea de la cultura como cuarto pilar ante la comunidad internacional, particularmente en el diseño de las políticas.
Las ciudades de Huesca, Toulouse y Buenos Aires se han comprometido desde hace varios años con la Agenda 21 de la Cultura, y por lo tanto en las tres ciudades se han puesto en marcha mecanismos para implicar la ciudadanía en la vida pública y cultural local. Lo que se ha pretendido con este proyecto es crear un espacio de reflexión transfronterizo para analizar y valorar las metodologías y herramientas utilizadas mediante el intercambio de experiencias y de buenas prácticas realizadas en las ciudades de Toulouse y Huesca, así como en Buenos Aires con el fin de ofrecer propuestas operacionales aplicables en las regiones de Midi-Pyrénées, de Aragón y el Conurbano bonaerense.
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